18 de agosto de 2014

Las vacaciones

Pensaba que necesitaba vacaciones, y una cuando piensa en vacaciones se le ocurren paisajes idílicos, mares azules cristalinos, montañas hermosas y cielos inmensos (otras desearán otros paisajes, estos son los míos), piensas que es cerrar la puerta (tras el largo e intenso proceso de preparar el equipaje, que termina de rematar el cansancio acumulado), un pequeño viaje y llegar a ese paisaje idealizado, luego ves que ni el mar es tan azul, ni el cielo tan perfecto, ni hace la temperatura deseada, ni las cosas salen como las tenías previstas, dentro de la mínima planificación que has hecho claro.

Que dormir en mini tienda (súper ligera y súper moderna) es incómodo, que cocinar en mini-cocina es incómodo, que cuando llueve todo se vuelve más incómodo en la mini tienda... Que cuando sopla el viento del norte en Pirineos la mini-tienda amenaza con volar contigo dentro.. que las vacas son hermosas pero por la noche y cuando pasan al trote junto a tu mini-tienda pues dejan de ser tan hermosas... qué el frío se te mete hasta el tuétano... qué comer sopita de sobre, almendras, y cacahuetes durante unos cuantos días pues tiene su parte de "supervivencia" pero que tienes unas ganas enormes de algo caliente, sabrosos... Qué cuando pretendes hacer una súper travesía en bici, o andando, cualquier acontecimiento la puede llevar al traste...

Y que sólo te queda improvisar, acostumbrar a tus huesos a la mini esterilla, tu piel a la mar salada, tu cuerpito al frío, al sol, a las agujetas... y sin darte cuenta tu mente se relaja, deja de pensar, sólo siente, disfruta cada detalle.

Y si, me doy cuenta de que eso es realmente lo que buscaba, emoción, sorpresa, incomodidad pero sensación de estar viva, volver a recuperar la piel, el cuerpo... que una noche estrellada puede también estar acompañada de un tremendo vendaval (sólo es cuestión de abrigarse), que la montaña dicta, marca su ritmo, y que cuando dejas de quejarte y disfrutas de lo que te ofrece vuelves a recuperar a la criaturilla salvaje que llevas dentro, y te sientas más despierta que nunca, y te olvidas de tu taller, de tu casa, lejos queda la rutina, la calle, el barrio, tu ciudad... lejos las comodidades, lejos los desvaríos diarios.

Vuelves morena a cachos, vuelves con los músculos dolidos, con alguna que otra marca, te cuesta centrarte, encerrarte entre cuatro paredes.. pero dentro te sientes libre, intensa, viva. Y te acurrucas en tu cómoda cama, y sueñas con montañas y mares, y vientos y soles, y vacas y buitres... Gracias por estas "incómodas" vacaciones.

El taller recogido, lleno de ganas y proyectos.